Por Camile Roldán Soto / end.croldan@elnuevodia.com
Nadie se salva del dolor. Leve o profundo, efímero o duradero, todos hemos sentido alguna vez esa incomodidad que, sin invitación, se aloja en alguna parte y anuncia, cual mensajero invisible, que algo no anda bien en nuestro cuerpo... o tal vez en nuestro corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario